Ahora no estoy mal; tampoco bien. El dinero no abunda y el trabajo tampoco. No tengo ganas de hablar con nadie pero tampoco tengo ganas de desadmitir la lista y mucho menos de no atender el teléfono. Estoy en una nube de algodón en la que, simplemente, parece que espero.
Pero espero desde el plano físico. Por dentro, hay tanta agitación que se me quiere escapar en forma de temblor, de transpiración de manos, de grito. Pero no estoy lo suficiente loca como para que ese temblor, esa transpiración de manos y ese grito salgan hacia afuera. Están ahí, latentes. Pero disminuirán cuando por fin me saque toda las dudas de encima.
¿Cuándo viajaré?
¿Por qué aerolínea?
¿Tendrá demoras mi vuelo?
¿Planeé demasiado pronto como para no pensarlo bien?
¿Planeé con demasiada anticipación como para pensar demasiado?
No hay comentarios:
Publicar un comentario